¿Qué significa una palabra? ¿El significado está en el objeto al que una palabra se refiere, en la representación mental que produce o en el uso que hacemos de ella? El significado no puede comprenderse a partir de la palabra aislada, pues es parte de un proceso más amplio: la comunicación.
Una de las aproximaciones clásicas entiende el significado como referencia. Una palabra tendría significado porque remite a algo. «Árbol», por ejemplo, puede relacionarse con los árboles que existen en el mundo. Pero esta explicación encuentra dificultades ante palabras como «justicia», «tiempo» o «nada», que no señalan un objeto concreto.
Otra posibilidad es entender el significado como un concepto mental. En este caso, «árbol» no necesita referirse a un árbol específico, sino que activa en nuestra mente una representación de aquello que entendemos por árbol. Esta perspectiva permite explicar mejor la relación entre lenguaje y pensamiento, aunque introduce otra dificultad: dos personas pueden asociar representaciones diferentes con una misma palabra.
Wittgenstein (1953) sostiene que el significado de una palabra está relacionado con la manera en que funciona dentro del lenguaje y de determinadas prácticas humanas. Esto permite comprender por qué una misma palabra puede adquirir diferentes significados dependiendo de la situación.
«Frío» puede describir una temperatura: «Hace frío». Puede describir una característica emocional: «Ella es fría». Y en otro contexto puede adquirir un significado diferente: «El motor todavía está frío».
Cuando alguien dice algo, no existe solo una palabra u oración. Existe una persona que habla, otra que interpreta, un contexto, una intención, un conocimiento previo y una relación entre los participantes.
Una expresión aparentemente sencilla puede comunicar algo diferente de su significado literal. Alguien pregunta: «¿Puedes abrir la ventana?». Desde el punto de vista de su forma lingüística, la pregunta parece referirse a la capacidad del interlocutor para abrirla. Sin embargo, en una situación comunicativa normal funciona como una petición.
Esta preocupación por el contexto y por lo que hacemos mediante el lenguaje es uno de los campos centrales de la pragmática. Como explica Levinson (1983), comprender una expresión lingüística requiere considerar mucho más que su contenido estrictamente lingüístico.
Los modelos tradicionales de comunicación, como el de Jakobson (1960), suelen representar el proceso mediante elementos relativamente definidos: emisor, mensaje, receptor, código, canal y contexto. El modelo de Jakobson permite identificar los componentes de un acto comunicativo, pero su representación no pretende mostrar cómo esos componentes se transforman a través de intercambios sucesivos.
Supongamos que A le dice algo a B. Antes del mensaje, B posee determinados conocimientos, expectativas, emociones, experiencias y asociaciones. Después de recibir e interpretar el mensaje, B ha incorporado una nueva experiencia. B sigue siendo la misma persona, pero ya no ocupa la misma posición cognitiva e interpretativa que ocupaba antes de recibir el mensaje.
B puede responder, cambiar de tema, permanecer callado, o interpretar el mensaje de una manera que A no esperaba. Por tanto, A tampoco permanece igual. El siguiente mensaje nace de condiciones diferentes a las del anterior.
Después de cada intercambio existen nuevos conocimientos, nuevas interpretaciones, nuevas expectativas y una nueva relación entre los participantes. Esta idea guarda cierta relación con los modelos transaccionales de la comunicación, que abandonaron la concepción estrictamente lineal de emisor y receptor y comenzaron a considerar que los participantes influyen continuamente unos sobre otros.
Una espiral añade una dimensión particular: la transformación acumulativa del proceso. La transformación afecta a las personas, y también puede cambiar la interpretación del mensaje. Imaginemos que alguien dice: «No te preocupes.» Inicialmente puede interpretarse como una expresión de tranquilidad. Pero si el interlocutor responde: «¿Por qué debería preocuparme?» la primera frase adquiere retrospectivamente una nueva dimensión. La respuesta revela que ambos estaban interpretando la situación de manera diferente. El significado no estaba terminado cuando se pronunció la frase. Se desarrolla durante la interacción.
Además, reducir la comunicación a la relación entre dos personas sería insuficiente. Los seres humanos también utilizamos el lenguaje para comunicarnos con nosotros mismos: organizamos pensamientos, recordamos, planificamos, interpretamos experiencias y tomamos decisiones mediante formas de lenguaje interior. Vygotsky (2012) planteó que el lenguaje egocéntrico del niño no constituye simplemente una etapa sin importancia, sino que participa en el proceso mediante el cual el lenguaje social se transforma progresivamente en pensamiento verbal interior.
La espiral comunicativa no necesita involucrar a dos personas. Puede producirse también dentro de una misma persona. Pensamos algo. Lo formulamos. Al formularlo, modificamos nuestra propia comprensión. Volvemos sobre esa idea. La reformulamos. Descubrimos una contradicción. Cambiamos de opinión. El emisor y el receptor pueden ser la misma persona, pero tampoco son la misma persona en cada momento del proceso.
¿Dónde está el significado? ¿Qué significa esta palabra? ¿Cómo se construye el significado dentro de un proceso comunicativo?
El significado no desaparece de la palabra. Lo que cambia es nuestra comprensión de su lugar dentro de un sistema mayor. La palabra, la oración, el contexto, la intención, el conocimiento compartido, la interpretación, la respuesta, la falta de respuesta son solo piezas que constantemente modifican el sistema.
La comunicación se convierte en un proceso de transformación. Cada intercambio modifica a quienes participan, modifica la relación entre ellos y puede modificar la interpretación de aquello que ya fue dicho. El proceso es una espiral que puede continuar indefinidamente.
Referencias
Contino, L. (2026). La Comunicación como Espiral: Teoría y Perspectivas Lingüísticas.
Jakobson, R. (1960). Linguistics and poetics. En T. A. Sebeok (Ed.), Style in language. MIT Press.
Levinson, S. C. (1983). Pragmatics. Cambridge University Press.
Vygotsky, L. S. (2012). Thought and language. MIT Press.
Wittgenstein, L. (1953). Philosophical investigations. Basil Blackwell.
