¿Y si uno de los participantes de la espiral comunicativa no es humano?
¿Qué sucede cuando una persona interactúa con un sistema que procesa lenguaje, produce respuestas y las devuelve al mundo humano?
La comunicación adquiere una dimensión sociotécnica. Una primera reacción podría ser considerar a la inteligencia artificial como un canal o una herramienta. La persona escribe un mensaje, la máquina lo procesa y devuelve una respuesta. El acto comunicativo seguiría ocurriendo entre seres humanos.
Sin embargo, observemos lo que ocurre en la práctica. Una persona consulta una IA para elaborar un informe. Ese informe llega a una institución. La institución utiliza parte de su contenido para tomar una decisión. Esa decisión genera nuevos datos que son procesados por otro sistema. Finalmente, una persona recibe el resultado y reacciona ante él.
En ese recorrido, la IA no funciona como un conducto transparente. Interviene en la trayectoria del significado. Selecciona, organiza, transforma, sintetiza y produce lenguaje. No posee intención, conciencia o experiencia humana, pero sus operaciones forman parte de una cadena comunicativa cuyos efectos continúan después de la interacción inicial.
En el modelo constitutivo de la comunicación desarrollado por Craig (1999), la comunicación no se reduce a la transmisión de información. Es una actividad mediante la cual se construyen y mantienen realidades sociales.
¿Quién transforma a quién cuando introducimos una IA en la espiral?
El usuario transforma la interacción con el sistema porque determina, mediante sus preguntas, instrucciones, correcciones y decisiones, qué tipo de respuesta busca. A su vez, la respuesta del sistema también transforma al usuario. Modifica su interpretación de un problema, introduce una idea que no había considerado, reorganiza un argumento o incluso cambia la manera en que formula la siguiente pregunta.
Se produce una relación de retroalimentación. Cada intervención puede convertirse en el punto de partida de la siguiente y cada respuesta en contexto para una nueva respuesta.
Veámoslo a gran escala. Una persona pregunta. La IA responde. La persona interpreta esa respuesta. La incorpora a una conversación. Otra persona reacciona. La institución modifica su posición. La nueva información vuelve a entrar en un sistema de IA. El sistema produce una nueva salida. La comunidad interpreta esa salida. Y el proceso continúa. No existe un punto en el que podamos afirmar: «aquí comenzó la comunicación» o «aquí terminó».
¿Dónde está el acto comunicativo?
No en un elemento aislado. Se encuentra en la circulación y transformación continua de significados entre actores humanos, sistemas tecnológicos e instituciones.
Investigaciones recientes sobre comunicación humano-máquina señalan que las interacciones con agentes virtuales, sistemas conversacionales y software capaz de generar lenguaje no encajan en los modelos tradicionales centrados en la comunicación exclusivamente humana (Guzman & Lewis, 2019).
El ser humano aporta experiencia, intención, interpretación y capacidad de decisión. La IA aporta procesamiento computacional, generación de contenido y transformación de información. La institución aporta normas, procedimientos, autoridad y estructuras de decisión. La comunidad aporta interpretación colectiva, aceptación, rechazo, circulación y resignificación.
¿Quién es el autor del significado en esta espiral sociotécnica?
Cuando un resultado generado por IA entra en una práctica humana, adquiere consecuencias dentro de relaciones sociales, profesionales e institucionales. La IA puede participar en la producción del mensaje, pero las personas y las instituciones continúan siendo quienes interpretan, validan, utilizan y actúan sobre ese mensaje. El autor no puede limitarse a un solo participante.
¿Cómo se transforma el significado a medida que atraviesa diferentes participantes de la espiral?
La inteligencia artificial no tiene que ser considerada humana para formar parte de un proceso comunicativo. Basta con reconocer que sus operaciones intervienen en la circulación social de significados y que esos significados pueden producir efectos más allá de la interacción inicial.
La espiral ya no gira solo alrededor de seres humanos. Gira alrededor de redes en las que humanos, tecnologías e instituciones se transforman mutuamente.
Referencias
Contino, L. (2026). La Comunicación como Espiral: Teoría y Perspectivas Lingüísticas.
Craig, R. T. (1999). Communication theory as a field. Communication Theory. Oxford Academic, 9(2).
Guzman, A. L., & Lewis, S. C. (2019). Artificial intelligence and communication: A Human–Machine Communication research agenda. New Media & Society, 22(1).
