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Enseñanza de Traducción: Filosofía, Experiencias y Creencias

Lumey Contino - Translation Teaching

Según Schunk (2020), el aprendizaje es un cambio duradero en la conducta o en la capacidad de comportarse de una determinada manera, resultado de la práctica o de otras formas de experiencia. Como profesora de Traducción, he podido observar el cambio en la conducta de los estudiantes desde el primer día de clases hasta el momento en que culminan su formación y se convierten en traductores profesionales. Todo traductor debe conocer los fundamentos teóricos que rigen la Ciencia de la Traducción, especialmente los más recientes, ya que los estudios de traducción se nutren de la acumulación de experiencias previas que ayudan a evitar los errores típicos de los principiantes. Por ello, la práctica y la experiencia constituyen elementos esenciales en el aprendizaje de las técnicas de traducción.

El primer día de clases, generalmente se solicita a los estudiantes que traduzcan un texto, y posteriormente esa traducción es analizada. Se proponen variantes y alternativas para mejorarla, y desde ese momento comienzan a comprender que el cambio que debe producirse en su manera de traducir no solo es necesario, sino indispensable. Además, este cambio no debe sufrir retrocesos, sino evolucionar progresivamente en el tiempo, algo que solo puede lograrse mediante la práctica constante y la experiencia acumulada. La teoría racionalista del aprendizaje sostiene que el conocimiento proviene de la mente. Esta afirmación es válida hasta cierto punto, pues el conocimiento temporal surge de la mente; sin embargo, el conocimiento permanente y en constante evolución proviene de la experiencia y la práctica, tal como plantea la teoría empírica del aprendizaje.

Según Titchener (1909), la mente está compuesta por asociaciones de ideas, y para estudiar sus complejidades es necesario descomponer dichas asociaciones en ideas individuales. Esta teoría estructuralista del aprendizaje resulta poco útil en las clases de Traducción, ya que los estudiantes deben aprender a percibir el panorama completo y no a compartimentar la información. Las lenguas son estructuras complejas, y transferir ideas de una estructura compleja a otra requiere un alto nivel de abstracción y la capacidad de captar el contexto general en su totalidad.

La teoría funcionalista tuvo mayor éxito en este sentido porque se opuso al aislamiento de los fenómenos; sin embargo, sus limitaciones dieron paso a la teoría conductista, basada en la observación de la conducta y en el principio de que esta puede modificarse. No cabe duda de que la teoría conductista ofrece una explicación parcial de cómo se aprende una lengua, ya que concibe el aprendizaje como una suma de hábitos. No obstante, en el ámbito de la Traducción, no logra explicar aspectos más complejos y abstractos, como la capacidad creativa del lenguaje. Los traductores, por ejemplo, crean nuevas formulaciones que no son simplemente producto de la imitación.

En cuanto a las teorías cognitivas, el significado constituye la piedra angular de la Traducción. Este no se encuentra en las señales que se transmiten, sino en la mente de quienes se comunican. El lenguaje forma parte de la cognición, una facultad mental que interactúa con todas las demás. Los estados mentales (pensamientos, creencias, deseos y motivaciones) no son productos aislados, sino el resultado de complejas interacciones entre diversos procesos mentales funcionales. Además, estos procesos carecen de una naturaleza estable y unificada; por ello, más que como estados, deben entenderse como procesos o situaciones dinámicas.

Es importante comprender que el traductor no conserva el significado de un texto fuente como si se tratara de una fotocopia. Por el contrario, construye ese significado de forma subjetiva a partir de sus propios esquemas mentales, que incluyen experiencias previas con textos similares, conocimientos teóricos, conclusiones personales y otros elementos. Posteriormente, transforma y reescribe dicho significado, reformulando el texto en la lengua meta según las características y necesidades del destinatario. Los estudios cognitivos de la Traducción constituyen un campo particularmente interesante porque generan conocimientos aplicados que facilitan el aprendizaje y la práctica traductora.

Existe además un aspecto muy interesante que me gustaría compartir. Durante mis años como profesora de Traducción, siempre he observado que los estudiantes presentan determinadas tendencias al traducir. Algunos tienden a realizar traducciones excesivamente literales; otros se alejan demasiado del texto original y lo reformulan según su propia interpretación; algunos suelen resumir el contenido y expresarlo con menos palabras, mientras que otros desarrollan las ideas en exceso y añaden explicaciones innecesarias.

Las clases de Traducción suelen centrarse en proporcionar a los estudiantes las herramientas básicas para traducir determinados tipos de textos. Sin embargo, en la mayoría de los casos, los docentes no trabajan de manera específica en el control o la corrección de las tendencias individuales de cada estudiante, ya sea por limitaciones de tiempo o porque estudiantes con perfiles muy diferentes comparten el mismo espacio de aprendizaje. Considero que, si los estudiantes se organizaran en grupos de acuerdo con sus tendencias traductoras, sería posible personalizar más la enseñanza y corregir las imperfecciones particulares de cada uno de forma más eficaz.

Siempre me he preguntado qué factores hacen que los estudiantes desarrollen determinadas tendencias al traducir. Según Kolb (2014), existen cuatro estilos de aprendizaje: acomodador, asimilador, convergente y divergente. La teoría de los estilos de aprendizaje busca comprender cómo las personas, a través de sus experiencias, generan conceptos, reglas y principios, se adaptan a nuevas situaciones y modifican sus esquemas cognitivos para mejorar la eficacia de su toma de decisiones.

Traducir implica precisamente eso: tomar decisiones de manera constante sobre cómo reformular una idea en otra lengua. Por esta razón, considero que, al inicio de los estudios de Traducción, podría aplicarse una prueba de introspección destinada a identificar el estilo de aprendizaje de cada estudiante. Una vez obtenido este diagnóstico, se les podría asignar la traducción de un texto extenso, por ejemplo, de cinco páginas. Posteriormente, las tendencias observadas en las traducciones podrían analizarse y compararse con los resultados de la prueba de estilos de aprendizaje, con el objetivo de determinar si existe alguna relación entre la forma de traducir de los estudiantes y su estilo particular de aprendizaje.

Los resultados de esta prueba de introspección podrían ayudar al docente a identificar con mayor precisión las fortalezas y debilidades de cada estudiante. En consecuencia, la metodología de enseñanza de la Traducción podría adaptarse de manera más personalizada. El profesor tendría la posibilidad de aprovechar aquellos recursos que favorecen el aprendizaje de cada estudiante y, al mismo tiempo, reforzar las áreas que requieren mayor desarrollo. De este modo, el proceso de formación traductora podría volverse más eficiente, individualizado y orientado al máximo aprovechamiento del potencial de cada futuro traductor.

Referencias

Kolb, D. (2014) Learning style inventory V3.1, Hay Group Publisher.

Schunk, D. (2020) Learning theories: an educational perspective, 8th ed. Pearson.

Titchener, E. (1909) Lectures on the experimental psychology of the thought processes. New York: Macmillan.