Combinar el juego y el movimiento es la mejor manera de mejorar las capacidades mentales e influir en la motivación para el aprendizaje. El aprendizaje basado en el movimiento consiste en actividades que implican el movimiento corporal durante la clase, ya que estas tienen efectos positivos sobre la salud, el desarrollo cerebral y los procesos de aprendizaje de todos los estudiantes. Esto se debe a que el movimiento alerta y activa numerosas capacidades mentales, lo que contribuye a lograr un aprendizaje y un desarrollo integrales. Además, integra y refuerza la información, así como las nuevas experiencias, en nuestras conexiones neuronales.
Cada movimiento constituye una experiencia sensorial y motriz relacionada con la comprensión del mundo, y de él se deriva un nuevo aprendizaje. Por ejemplo, el movimiento de la cabeza alinea los órganos de los sentidos de acuerdo con los estímulos del entorno que percibimos; los movimientos de los ojos nos ayudan a medir distancias, percibir las tres dimensiones y enfocar la vista; los movimientos de las manos nos permiten tocar, jugar y manipular objetos de diferentes maneras; y el sistema muscular memoriza cómo sentarse, ponerse de pie, caminar, correr y relacionarse con los espacios.
Bajo esta lógica, el ejercicio físico regular, especialmente el ejercicio aeróbico, produce pequeños cambios en el cerebro que mejoran la memoria y los procesos mentales. Combinar el juego y el movimiento es la mejor manera de mejorar las capacidades mentales e influir en la motivación para el aprendizaje. Todos los seres humanos aprenden mejor cuando se mueven.
Según Hillman et al. (2009), el movimiento es necesario para el crecimiento intelectual; de lo contrario, el aprendizaje se ve obstaculizado. El movimiento activa el área ejecutiva del cerebro, responsable de la concentración y la atención que dedicamos a una actividad. El ejercicio estimula nuestra atención hacia las tareas y actividades y nos ayuda a regular los impulsos y desarrollar el autocontrol. El aprendizaje mediante la acción desempeña un papel importante en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
El papel de los docentes es fundamental, ya que no solo deben conocer la teoría y saber cómo aplicarla, sino también ser flexibles, dinámicos e innovadores para adaptarla a cada clase y modificarla de acuerdo con las necesidades de sus estudiantes. Existen numerosas actividades que pueden implementarse para poner en práctica el aprendizaje basado en el movimiento.
Realizar una pausa o un descanso para levantarse y estirarse ayuda a los estudiantes a activar diferentes músculos de su cuerpo. Estos ejercicios también pueden ayudarlos a relajarse y, de este modo, favorecer el aprendizaje. Los estudiantes pueden representar cualquier tema estudiado en clase mediante movimientos corporales y acciones físicas, ya que su creatividad les permite interpretar la realidad a su manera. Bailar y cantar funcionan muy bien, especialmente con los niños más pequeños.
Por ejemplo, pueden inventar o interpretar una coreografía relacionada con el tema trabajado en clase. También se les puede proporcionar un espacio para estirarse, sentarse en el suelo, saltar la cuerda, practicar yoga o utilizar bandas de resistencia. Estos ejercicios pueden ayudarlos a descansar, reactivarse y continuar con el resto de sus actividades académicas.
Según Jensen y McConchie (2020), el objetivo de todo docente es ayudar a sus estudiantes a tener éxito utilizando todas las herramientas disponibles. Los docentes pueden implementar actividades de aprendizaje basadas en el movimiento cada media hora durante sus clases para ayudar a los estudiantes a despejar y ejercitar la mente. El hecho de que el aprendizaje ya no sea exclusivamente tradicional, sino que incorpore la creatividad, permite utilizar diferentes estrategias eficaces para mantener a los estudiantes motivados y concentrados al mismo tiempo.
La motivación en el proceso de aprendizaje también constituye un elemento esencial del trabajo educativo del docente, ya que consiste en utilizar todos los enfoques posibles dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje para estimular y orientar a los estudiantes a realizar los esfuerzos necesarios para lograr un aprendizaje productivo. Según Ruiz (2013), es importante que los docentes dominen las técnicas necesarias para guiar a los estudiantes en sus actividades independientes, tanto dentro como fuera del aula, con el fin de lograr un proceso de aprendizaje eficiente.
En el ámbito educativo, el propósito de la investigación sobre la motivación se basa principalmente en analizar la intensidad y la dirección de los comportamientos adoptados por los estudiantes en el aula. Estas dos dimensiones de la motivación intentan explicar por qué las personas invierten tiempo y energía en una actividad y por qué se orientan hacia una actividad en lugar de otra, indicando así el propósito de su comportamiento.
Según López (2015), además de las tendencias individuales (orientaciones motivacionales) de cada persona, existen factores situacionales que hacen referencia a las características del entorno en el que se encuentra el individuo. Junto con las características personales, estos factores influyen en el grado de implicación final hacia la tarea o hacia el ego. Estos factores situacionales constituyen el clima motivacional.
El aula, el gimnasio, el hogar, el campo de juego y otros entornos involucran a los jóvenes en situaciones relacionadas con el logro de diversos objetivos, donde los resultados son importantes y valorados. En estos escenarios, los comportamientos pueden evaluarse en función de la mejora y el progreso hacia metas individuales o en relación con estándares previamente establecidos.
La enseñanza va de la mano con el método utilizado por el docente para que el conocimiento llegue al estudiante y, a su vez, también debe estar vinculada con el grado de motivación del propio docente y con la manera en que esta motivación se transmite a sus estudiantes. Debe considerarse que la falta de motivación intrínseca en los docentes afecta directamente a los estudiantes, ya que un docente desmotivado suele ser más controlador, menos eficiente e inspirador para ayudar a los estudiantes a alcanzar nuevas metas. Se considera que, en el proceso de enseñanza-aprendizaje, el estudiante y el docente forman una unidad de trabajo, y cuando un docente demuestra altos niveles de motivación e interés, esto es percibido por los estudiantes e influye positivamente en ellos.
Los entornos cambian constantemente y la educación no es la excepción. La forma de enseñar, los métodos y los enfoques que utilizan los docentes para llegar a los estudiantes también deben revisarse. Es necesario reconocer que la generación actual es más crítica y cuenta con nuevas herramientas que le permiten cuestionar con mayor rapidez la información que recibe. Además, las necesidades de los estudiantes no son las mismas y cambian con frecuencia.
Sin embargo, los estudiantes aprenden cuando la información despierta su interés, cuando es significativa y cognitivamente estimulante, y cuando establece una conexión emocional con sus inquietudes personales o profesionales y con las exigencias de la realidad fuera del aula. En estas circunstancias, los estudiantes se comprometen con su propio proceso de aprendizaje.
Otro aspecto que debe considerarse es el potencial del entorno sociocultural existente, el cual suele favorecer una mejor comprensión del desarrollo personal y profesional de los estudiantes universitarios. Por lo tanto, no solo son fundamentales los procesos de enseñanza-aprendizaje, sino también el entorno en el que dicho aprendizaje tiene lugar.
Otro aspecto importante de la motivación consiste en adaptar los contenidos a las capacidades cognitivas de los estudiantes. Para lograr la motivación, la atención y el interés deben combinarse con el establecimiento de vínculos con los conocimientos y las experiencias previas. Esto puede lograrse creando expectativas que animen a los estudiantes a descubrir y asimilar nuevos conocimientos, al mismo tiempo que se generan condiciones para que surjan contradicciones internas entre el nivel de conocimientos ya alcanzado y las nuevas exigencias de aprendizaje. Los estudiantes deben sentir que la actividad que realizan es útil, razonable y necesaria.
Los docentes deben, en la medida de lo posible, relacionar los contenidos de estudio con situaciones prácticas de la vida, con los nuevos contenidos de cada asignatura y con los conocimientos que los estudiantes ya poseen. Asimismo, deben proporcionar información sobre cómo la capacidad de aprender puede mejorarse mediante el esfuerzo personal y fortalecer el sentido de autonomía de los estudiantes.
En general, una persona motivada establece objetivos y metas bien definidos y traza el camino adecuado para alcanzarlos, disfruta emprender nuevas actividades, busca soluciones alternativas a los obstáculos que surgen, es consciente de sus éxitos y errores, aprende de la experiencia, es realista respecto a las metas que se propone, conoce sus fortalezas y debilidades y las utiliza de manera adecuada. Asimismo, toma decisiones y resuelve problemas con confianza y seguridad en sí misma, organiza sus contextos de acción y logro, y actúa de manera proactiva en lugar de reactiva.
Referencias
Hillman, C. et al. (2009) The effect of acute treadmill walking on cognitive control and academic achievement in preadolescent children.
Jensen, E. and McConchie, L. (2020) Brain-based learning: teaching the way students really learn, 3rd ed. Corwin.
Lopez, E. (2016) Crisis of Legitimacy of Educational Thought and Practices. Doctoral thesis. University of Valencia.
Ruiz, H. (2013) The professional motivation of university students and its influence on dedication to study: Role of the teacher. Pedagogy OACE event in Havana.
