Según McDowell (2019), la cultura es el resultado de personas que trabajan juntas para resolver problemas recurrentes. En el ámbito educativo, uno de esos desafíos constantes es mejorar el aprendizaje mientras se desarrolla la autoeficacia de los estudiantes. Una de las formas más efectivas de enfrentar este reto es adoptar una mentalidad flexible. Cuando docentes y estudiantes abordan los problemas con flexibilidad, están mejor preparados para adaptarse, superar obstáculos y tener éxito incluso cuando las cosas no salen según lo planeado.
Para cultivar esta mentalidad, los docentes deben recibir formación profesional continua sobre cómo liderar en tiempos de cambio y gestionar la incertidumbre. Desarrollar la capacidad de pensar fuera de lo convencional ya no es una opción; es una competencia profesional esencial. Los líderes educativos desempeñan un papel fundamental al motivar a los docentes a dejar atrás modelos de enseñanza obsoletos y adoptar la innovación, la creatividad y la adaptabilidad tanto en la enseñanza como en el aprendizaje.
A medida que la educación continúa evolucionando, administradores y docentes deben adquirir nuevas habilidades que les permitan afrontar circunstancias cambiantes, recuperarse de los contratiempos, adaptarse a situaciones inesperadas y tomar decisiones acertadas en entornos inciertos. El pensamiento flexible ya no representa simplemente una ventaja; se ha convertido en una necesidad para una enseñanza eficaz y un aprendizaje significativo.
La tecnología ha transformado la educación de maneras sin precedentes, especialmente con la expansión de la educación en línea. Sin embargo, muchas personas continúan cuestionando si la educación a distancia puede ofrecer la misma calidad que la enseñanza presencial tradicional. Esta preocupación suele basarse más en suposiciones arraigadas que en evidencias. El verdadero desafío no es determinar si la tecnología puede apoyar el aprendizaje, sino si los educadores saben utilizarla de manera efectiva. Cuando se implementa de forma adecuada, la educación en línea ofrece mayor flexibilidad, experiencias de aprendizaje más enriquecedoras y fomenta que tanto docentes como estudiantes trasciendan las prácticas educativas tradicionales.
Los entornos educativos presenciales pueden, en ocasiones, ocultar la falta de compromiso de los estudiantes con su aprendizaje. La presencia física en un aula no garantiza un aprendizaje significativo. Un estudiante puede asistir a todas las clases y, aun así, permanecer desconectado del proceso de aprendizaje. En contraste, la educación en línea suele hacer más visible el nivel de compromiso de los estudiantes al exigirles una participación activa, una adecuada gestión de su tiempo y una mayor responsabilidad sobre su propio aprendizaje. Más que disminuir la motivación, la educación en línea suele ponerla en evidencia. Los estudiantes verdaderamente comprometidos con aprender encuentran la manera de superar los desafíos, ya sean tecnológicos, personales o derivados de circunstancias inesperadas.
En última instancia, desarrollar la experiencia y la autoeficacia requiere mucho más que transmitir contenidos. Las instituciones educativas deben crear, de manera intencional, entornos donde los estudiantes sean participantes activos de su propio aprendizaje, desarrollen confianza en sus capacidades y perfeccionen continuamente sus conocimientos a través de experiencias significativas. El pensamiento flexible, la colaboración y las prácticas pedagógicas fundamentadas en evidencias son elementos esenciales para alcanzar estos objetivos.
Según McDowell (2019), la cultura del desarrollo de la experiencia y la autoeficacia es aquella que se centra en mejorar el aprendizaje en los niveles superficial, profundo y de transferencia, al mismo tiempo que fortalece la autoeficacia mediante la orientación, la activación y la colaboración. Asimismo, implica recopilar evidencias de la autoeficacia de los estudiantes a través de una amplia variedad de herramientas y preguntas, y actuar para fortalecerla utilizando recursos visuales, promoviendo rutinas colaborativas y estableciendo acuerdos y protocolos compartidos. Esta visión refleja el rumbo que debe seguir la educación si aspira a formar estudiantes adaptables, seguros de sí mismos y capaces de prosperar en un mundo en constante cambio.
Referencias
McDowell, M. (2019). Developing expert learners: A roadmap for growing confident and competent students. Corwin.
